lunes, 6 de febrero de 2017

N/A


Preludio al beso.

Pretendo que mi boca sea en la tuya...
lo que la tuya se propone ser sobre la mía,
un beso dulce y a la vez intenso,
un acuerdo de silente paz,
un tratado ejemplar de amor eterno.

Y es que el amor,
por poco o mucho que nos dure,
es una acción eterna y a la vez profunda,
se va o se instala con el tiempo,
pero se eterniza a la vez...
por el solo hecho de sentirlo.

Has de besarme entonces con el alma,
con el corazón entre los labios...
y el tiempo nos dirá quizás el resto,
o quizás nos pasará factura.

(...)


El valor de un beso.

Si recordáis en tus labios el sabor
de otros labios que sobre ellos se posaban,
entonces sabréis el valor de un beso dado
y así mismo el peso de cada beso recibido.

Porque un beso no es un juego
ni mucho menos se toma regalado,
porque cada beso es un momento,
y cada momento en ello se hace grato.

Si tomáis en serio cada instante…
Corresponded un beso con tus labios,
saboread cual vino el dulce néctar,
aferraros al fin al tierno encanto.

Y si llegase a faltaros entonces algún beso…
Recordad que aún sin estar yo sigo estando,
que si me aguardáis en el fondo de tu pecho
tendréis por siempre un beso en ti guardado.

-El valor de un beso-


Mi boca.

Pretendo que mi boca sea para la tuya,
una pareja perfecta, un nuevo viejo amigo,
pues pretendo, que vos vivas conmigo...
un amor que ni el tiempo lo destruya.


Tu boca.

Tu boca es un templo de aves alegres
que gorjean al viento mil palabras rosas,
semillas, que quizás sin yo saber florecen...
en mi pecho, como un campo de amapolas.



El beso.

Pretendo besarte en silencio,
despacio y sin prisas,
con hambre de amor,
con ganas de ti.

Pretendo hacer de mi boca tu templo,
prisión de palabras silentes,
aves dormidas que escapan a ti.

He de besarte ahora, con el alma,
con los labios partidos por la espera,
por la sed atroz del desierto que habito.

Y es que tu boca es el río que añoro,
el río que cruzo en este instante,
el mar de agua dulce en que me ahogo.

Y pretendo beberte toda, vivirte, amarte.

Pretendo hacer de mi boca un eco eterno,
un amor que recuerdes infinitamente,
no por irme o alejarnos, sino por amarnos,
por recordarte que aún entre mis labios...

Hay aves dormidas...
                          que gorjean palabras rosas.

-El beso-

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