viernes, 16 de octubre de 2015

La espera de los días.

La espera de los días. 
(Desde Elva con devoción) 

Sentado en algún lugar del mundo, espero. 
Mi nombre es aquel que en la historia guarda 
el rojo de la sangre, el humo de cañones,  
el sable y la miseria. La muerte encadenada. 

He visto a la distancia desvanecerse entre la niebla, 
nubes de tela que acompañan a los barcos, 
tesoros que se quedan flotando a la deriva... 
Y mis manos, mis manos viejas...  
que poco a poco se van atando a la derrota. 

Yo nací algún día de esos en que el tiempo se hizo historia, 
uno de esos días enfermos de absoluto compromiso. 
De esos que te siguen hasta el infinito como una manda. 

"Y el mundo era un tablero insomne. 
El inmenso tablero de las mil conquistas". 

Y mi sangre hervía con la fuerza de la primavera, 
mi gente... toda esa gente que al amarme me seguía, 
esa gente amada que me dio en su haber, la vida. 

Hoy soy solamente uno más en esta roca... 
la deriva como aquellos barcos,  
sin rumbo, pero buscando mi camino a contra viento. 

Y es que no pasan los años en balde... 
Ni más joven ni menos viejo, 
ni más cerca quizás, pero sí, siempre más lejos. 

Y es que la hube amado tanto en algún momento... 
tanto y tanto que quise  apretujarla entre mis brazos, 
entre mis dedos que acariciaban el acero y la ceniza, 
la pólvora de aquellos días ahora allí enterrados. 

Y si pudiera volver, lo haría de nuevo, 
todo como siempre, desde el principio, 
con el mismo amor casi perfecto, 
con el mismo resultado positivamente negativo. 

Y es que la veo ahora, tan a la deriva sin mi tacto,  
tan enferma de triste conformismo, 
tan esclavizada y ya casi sin encanto. 

Y si pudiera renacer de nuevo en este sitio... 
de nuevo en esta lugarcillo tan extraño... 
lo haría de nuevo cada vez y sin pensarlo, 
lo haría de nuevo cada vez, 

pero esta vez, con un fúsil entre las manos. 

Y sin embargo mi corazón caduca, 
no por falta de amor,  
sino porque no le sobra más el tiempo. 

Y mientras las olas me despiden a lo lejos... 
las flores se deshojan despacio en un coro de viento, 
una caravana que se vuelve alfombra ante mis piernas cansinas, 
ante mis ojos de viejo amante traicionado. 
Herido, sí, pero a la vez... completamente enamorado. 

Y he de volver a la mirada de tus ojos, 
los miles de ojos que alguna vez me amaron. 
Y he de morir de nuevo, una vez tras otra como antes, 
una vez tras otra aún intentando. 

Poco a poco la espera se reduce, 
la niebla invade ya mis ojos, 
nubes de tela que a mi mano guían, 
un beso de fuego, un beso, un desahogo. 

Y he de volver a reclamarte mía,  
mujer de tierra y mil verdores, 
mujer de viento que al oído me decía... 
Tuya soy, tuya y me entrego. 

Hoy el tacto de tu fuego estruja mi alma, 
convencido voy de mi efímera victoria, 
voy delante, soy la marcha... 
y vos sos, de esta historia, el recuerdo de un amor... 
Sobre lo que fuera el mapa insomne de mis días. 

-Desde Elva con devoción-