lunes, 19 de mayo de 2014

Y escribo.

Y escribo.

Escribo en las paredes,
sin pintura,
Como si al acariciar los muros…
Pudieses ver mis trazos,
mis dedos desnudos,
el mensaje de mi cuerpo.

A veces mis palmas se sujetan
esperando el latido entre ladrillos,
como si quisieran sentirte sin verte,
mirarte cuando miras sin estar presente.

(Ni tú, ni yo, solamente el muro)

Y escribo de esta forma,
para ti y para mí,
para todos los presentes,
los ausentes,
                                 los heridos.

Me muevo entre los muros que no miras,
las paredes que no tocas,
los espacios vacíos.

Y lo lleno todo,
lo poseo todo con mis manos,
con mis dedos desnudos que pintan,
que escriben en silencio frases invisibles,
versos sin forma de algún tipo,
de algún significado existiendo inexistente.

A veces el viento,
otras tantas…
un niño jugando a ser adulto,
O un adulto jugando a ser un niño.

Me habitan las horas las falanges,
las puntas de los dedos,
el corazón y la memoria.

               Mi existencia en lo infinito.

Y escribo,
escribo sin falta, sin descanso,
sin penas ni vergüenzas,
y me plasmo en las paredes,
en los muros tras las sombras,
en las cosas y en la gente.

Y soy las estaciones,
el amor y el desengaño,
los momentos buenos,
                 los asuntos malos.

La totalidad de un resultado.

Y entonces emprendo el vuelo,
cuando miras, cuando no,
cuando me miras sin mirarme,
cuando me vuelvo poesía…
                         y tú sigues adelante.

-Y escribo-



Y soy el muro que sujeta tus palmas,
la pared en la que escribes,
con los dedos, sin puntura,
como si al acariciarme pudieses sentirme,
poseerme al mirarme cuando no te miro,
al sentir mi pecho contra el tuyo…
Y el mensaje que plasmas en tus versos invisibles.

-Poesía-

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