viernes, 21 de marzo de 2014

De la cercana lejanía. #1

Cuán lejos vayas.


Cuán lejos vayas
(con el viento en los labios,
en las velas).

Yo estaré esperando.
Pendiente, 
amaneciendo en la trinchera.

Cuán lejos vayas
quizás por mar, quizás por tierra...

Yo estaré esperando,
rogando al tiempo que tú vuelvas.

Y cuán lejos vaya,
cuán lejos yo me pierda...

Volveré como la noche,
una vez tras otra hasta que muera.

Esta es la promesa al horizonte,
el juramento eterno a la tormenta.

Y has de volver como yo vuelvo,
erguido y solo. 

Hambriento.

Y has de volver porque te esperan,
porque te aman y te necesitan… 
Mis ojos, mi boca y mis laderas.

(...)

-Cuán lejos vayas-



Hambre.

Es esta hambre insomne la que aqueja,
la que domina, crece y se asemeja...
a tu cuerpo hermoso, puro, noble.

He encendido una fogata con mis brazos,
alimentado sus rescoldos con mi pecho,
y al llegar el alba y a veces el ocaso...
me pareció encontrarte hermosa, entera.

He naufragado de tu cuerpo suave,
andado a tumbos por encima de la tierra,
pagado y con creces el peaje...
y la tortura, el hambre y esta espera.

-Hambre-




Ocaso y alba.

Sucede algunas veces
(a veces de día, a veces de noche),
que te encuentro prisionera en una flama.
A veces de pie, y otras más sentada...
Entre los rescoldos de la hoguera,
jugando a ser ocaso, 
jugando a largarte con el alba.

Eres como el mar salino a la mañana,
tranquilo y basto, inmenso y llamativo.
a veces quisiera navegarte, y otras tantas...
Lanzarme hacia tus brazos, al olvido.
Ser la noche como a veces tú lo eres...
Inmensa y basta, fría, inexistente.

¡Y es que ya no sé lo que tú eres!
Si el hambre intensa que me mata...
O la esperanza anclada en el volver a verte.

Llevas en tu pelo las luces del ocaso,
el alba en la piel cuando oscurece.

-Ocaso y alba-

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