domingo, 2 de febrero de 2014

Naufragio.

Naufragio.
Román Vieira - Roch)

Allá, a lo lejos y perdido en el azul...
Tu cuerpo se me antoja una playa,
el lugar lejano al que aspiro,
el lugar perfecto al cual volver.

Aquí, donde la dulce calma se mece en las sienes,
y una estrella intermitente tras las nubes se perdió…
Pero este mar, al que en el vientre le ruge un Noviembre,
sacude implacable la playa,
dispersa con ligereza las nubes al suspirar.

Las olas mecen este cuerpo inerte,
lo llevan más y más por alta mar,
y en unos meses, bendita muerte,
la suerte, a tu amor habrá de coronar.

¿Y si acaso una gota de vida
emergiera por las venas?
Sería entonces la bendita suerte de la muerte,
un horizonte menos lejano,
una garúa en el naufragio,
con el don de la posibilidad...

Y es que es escasa el agua pura,
y a la vez... Irresistible la salinidad.
Y en este poco tiempo que me queda...
No queda nada sino divagar.

¡Benditas posibilidades!
No queda nada en alta mar.
Memorias hay, distantes,
y tu cuerpo y corazón...
Y este oscuro naufragar.

Quizás en alta mar no queda más...
Que una distancia atiborrada,
y en un cuerpo inerte, un corazón...
De memorias arrugadas,
tatuadas a mansalva...

Para una paloma mensajera,
que ya nunca regresó.

-Naufragio-


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