sábado, 7 de diciembre de 2013

De la dualidad adversa.

De la dualidad adversa.

Mi corazón, alegre cual tambora,
atraído anda a veces por tu beso;
por aquel olvidado amor confeso...
que en su jaula en mi pecho rememora.

A ratos baila un tango, a ratos llora,
y es que es a veces tanto y tanto el peso,
que al encontrarse a tu recuerdo preso...
en el presente sufre, pues te añora.

A la deriva van sus sueños viejos,
ancianos con bastones y sombreros.
No natos esperando a ser cenizas.

Y vos, erguida en otro pecho, lejos,
no piensas más en estos, los viajeros...
que ante mi triste pecho, vos matizas.

-De la dualidad adversa-

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