miércoles, 20 de noviembre de 2013

El último cuento.

El último cuento. (Vive)
(Perspectiva III y cierre)

Ya entrado en años aún me acuerdo
de un viejo cuento que escribí,
no desfallezcas, hoy te cuento…
que hay mucho más aún porque vivir.

Nosotros los viejos, niños fuimos,
quizás y fue hace mucho tiempo,
pero niños somos todos, hasta el fin.
Es por eso que hoy te cuento…

¿Qué te dije que te contaría?
No lo se… ya no me acuerdo.
¿Será que al fin ahora yo entiendo…
que incapaz soy, de cuidar de ti?

Vive mucho y hazte grande,
no solo en tamaño, sino en ideas,
no te olvides de aquello que he olvidado…
y que ahora te pertenece solo a ti.

Cada respuesta que te encuentres,
compártela con todos tus hermanos,
no los dejes caer por olvidados…
Si a veces ellos no saben entenderte.

Sueña, vive y crea. Imagina, piensa y siente.
el mundo no es tan lineal ni es cuadrado,
en ti, queda mucho más aún por recorrerle…
Si listo eres, y lo sigues sin perder el paso.

Hoy que no me queda tiempo te lo digo,
los niños no eran el futuro a dejarlo,
sino el presente del futuro al crearlo.
Vive vos, haz en el presente tu camino.

(Aquel que falsamente,
            el mundo entero te ha negado)

Un rey debe moverse para ser seguido,
muévete tu mismo, moverás al mundo.
Mi rey, mi tierno niño al que le escribo.
No lo olvides, es tu tiempo, el mío…

Mi tiempo ha terminado.

(…)







Cuentos de viejos para niñas y conejos.

En una torre una princesa
con tristeza ya esperaba,
llegaba de nuevo el alba…
y no había príncipe ni nada.

Pasaba el tiempo día con día
y a lo lejos nada cambiaba,
no veía corceles ni jinetes,
solo una luna que alumbraba.

Vuelta al día en una constante,
día y noche, sol y luna,
todo era el mismo instante…
en su ventana taciturna.

Alguna vez mientras miraba
vio en el campo algún caballo,
su jinete ya no le montaba,
quizás la estaría ya buscando.

Sonriente la princesa,
de lado a lado por la torre corrió,
se puso muy hermosa toda ella,
pero a su lado el príncipe jamás llegó.

Las lágrimas escurrieron por su rostro
mientras miraba alejarse de nuevo al sol,
ahí estaba ella con el corazón roto,
era otro hombre más que no la vio.

Pasaba el tiempo y se envejecía,
las arrugas ajaban ya su piel,
estaba la princesa ya rendida,
no había nada más ahí que ver.

Tendida en su cama ya pensaba
en el tiempo y en cada amanecer,
en las noches de belleza ya lejana,
y su deseo de amar sin conceder.

Pensaba ya en el viento,
pensaba ya en ceder,
pensaba ya en silencio,
pensaba en fenecer.

Cerrados los ojos ya dormía,
se despedía sin vacilar,
acababa ya su vida,
alguien le hablo hacia el final.

Abandonáis la esperanza demasiado pronto,
abrid los ojos, ¿acaso no pensáis mirar?
he estado aquí desde el inicio de este todo,
no puedo ahora dejaros así marchar.

Estoy cansada –replicó la vieja princesa,
pero la voz aún se hacía resonar.
No digáis semejantes tonterías,
¿es que acaso queréis hacerme esperar?


En un instante sus ojos se abrieron
mientras una sonrisa pintaba su rostro,
había frente a ella un hombre añejo
que la miraba con encomio.

La he visto cada día desde lejos
mientras mi caballo pastaba por sus campos,
había querido hablarle desde hace tiempo,
pero no encontraba las palabras para darle.

Hoy soy viejo y el tiempo ya me come
pero no quería irme sin hablarle,
disculpe por haber sido yo tan torpe,
debí venir a usted sin ser cobarde.

Ante aquellas palabras la mujer sonreía
sin nada en mente excepto su candor,
era completamente irónica esa vida,
pero de alguna forma su príncipe llegó.

Sois viejo, no lo niego,
pero llegasteis y eso es lo importante,
nos iremos juntos, desde luego,
pero me voy feliz por encontrarte.

Palabras más, palabras menos,
y ellos se abrazaron al instante,
sellando su amor con tierno beso…
ambos fueron al fin a recostarse.

La mañana era fría y ya no estaban,
quedaba la historia y solo eso,
otro de esos simples cuentos…
que se le cuenta a las niñas y conejos.

-Cuentos de viejos para niñas y conejos-


No hay comentarios:

Publicar un comentario