martes, 26 de noviembre de 2013

Del amor por la mañana.

Del amor por la mañana.

Cuando al despuntar la mañana tus labios abren
(como capullo al viento, como rosa en primavera),
y de tu boca el perfume del aliento escapa,
como brisa suave o como el rocío de la mañana,
poco entiendo de este mundo, de nosotros,
y sin embargo… agradezco que despiertes a mi lado.

Hay veces que al mirarte de nuevo entre las mantas,
no resisto yo, ni resiste en realidad mi cuerpo,
las ganas de empaparte toda, de tomarte con un beso.
Mas temo quizás el asustar de tus pestañas
al sueño profundo que te lleva a salvo, lejos.

Me gusta mirarte tanto y tanto en esos despertares,
comprobar que nunca fuiste un sueño añejo,
que el cielo existe tirados juntos en la cama.
No hay disfraz que cubra mejor mi rostro…
que la felicidad que me provocan estos tiempos.

Hoy no se si sabe mejor el café por la mañana
o quizás la noche entre las mantas cobijados.
No lo se, pero creo que a veces lo imagino.
Amo tanto despertarte con un beso entre los ojos
y que me mires y te vuelvas a mis ojos un suspiro.

Estas ahora en un lugar seguro, tan segura y mía
como estos amaneceres silentes y rosados,
como estas mañanas de café cargado en la cocina
cuando finges coquetearme como siempre…
Y yo finjo que finges que alguna vez lo habré notado.

Y es que puedo ser a veces como un niño asustado,
pensar que te he perdido si no vuelves pronto,
si las horas pasan y no te siento entre mis brazos.
y sin embargo sé, cuando sonríes…
Que estoy en casa, en un lugar seguro.
Que me amas tanto y tanto como yo también te amo.

Añoro entonces las mañanas silentes de la vida,
el sueño y el soñarte cuando estas conmigo,
el sonido de la calma arrullándonos el pecho
cuando tu pecho late haciendo un eco con el mío.
Cuando en tu boca se mezclan tu nombre con el mío.

Te amo, se que sabes que te amo cuando miras,
cuando sabes que te miro en las mañanas al mirarme,
cuando deslizando por la finura de tu blanca piel mis labios…
Tu cuerpo se estremeces bajo las sabanas en este, nuestro cuarto,
y eres mía, tan mía como las horas de la noche que han pasado.

-Del amor por la mañana-

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