lunes, 11 de noviembre de 2013

A mi amigo imaginario.

A mi amigo imaginario.
(Por si alguna vez lo encuentras)

Cuando me hubo faltado algún amigo…
Vos estabas con tu mano en mi hombro,
sonriendo a mi corazón en desabrigo,
hablándome de la amistad y del arrojo.

Hoy no te menciono como debo,
quizás tu rostro he olvidado,
pero aún, conmigo yo te llevo…
En mi pecho, bien guardado.

Fuiste compañero de mis juegos,
soldado de mi fuerte, a veces caballero.
Mi hermano entre todos mis hermanos,
mi incansable amigo y compañero.

A veces pienso que vos enmudeciste
cuando comencé yo a volverme ciego,
porque entonces el mundo fue muy triste,
porque entonces crecí, de modo incierto.

Sería mentira decir que no te extraño,
un insulto a tu memoria, a nuestros juegos,
más, verdad sería decir que aún te siento
al cerrar los ojos y pensar en el pasado.

Quiero pensar que hoy juegan otros niños
y que juegas vos con ellos como hacías conmigo,
que hoy vives tan feliz como yo vivo…
Ofreciendo tu amistad también, a los niños sin amigos.

-A mi amigo imaginario-



Deseos a una estrella.
(Nacimiento de la primera estrella fugaz)
(Teoría propia de las aves y sus horarios)

Desde una torre alta, y a través de una ventana,
miraba dulce princesa como la vida pasaba,
de lado a lado tormenta y calma,
de lado a lado... pasando su vida encerrada.

Dulce mirada perdida y triste
nocturna en el cielo una estrella encontraba,
brillante amiga guardiana y celeste
de una niña que un deseo le formulaba.

Noche a noche deseo a deseo su alma llenaba
en su sueño fantasía y en su vida un consuelo,
fue así quizás sin la pequeña esperarlo…
que una noche la estrella cumplió su deseo.

Volando muy alto entre las nubes a lo lejos
se vio contenta y felizmente sonriendo,
se vio contenta y felizmente sonriendo…
lejos de la torre y de sus contratiempos.

Su corazón latía contento en el espacio abierto
emulando el ritmo de la estrella en su parpadeo,
era esa la radiante princesa de la torre,
era esa la radiante princesa de este cuento.

Cansada de tanto vuelo
al fin posó la niña sus pies en el suelo
buscando en el verde campo
su descanso por un breve momento,
y quizás tanto más por cansancio que por sueño,
sin saberlo, se posó sobre el brazo de un pequeño.

¡Oh! dulce pajarillo de vistosos colores
que esta noche sobre mi brazo te posas,
descansa dulcemente en este sueño
que es más bien para nosotros deseo inverso.

Porque mientras tú deseabas ser pájaro al vuelo…
yo solamente deseaba ser niño y robarte un beso.

Caía la noche en aquel lugar de sueños
donde no hubo más voces ni trinares,
simplemente quedaron ahí dormidos
los dos de los corazones anhelantes.

Despuntando la mañana en nuestras realidades,
joven princesa levantóse con las manos en el pecho,
sosteniendo entre sus palmas el plumaje
de un hermoso pajarillo en su bostezo.

Tierno pajarillo, el niño de mis sueños,
es verdad que he pedido a esa estrella liberarme,
pero más feliz sería, si tu en mi pecho te quedases,
porque en tus alas, lindo pajarillo…
descansa este corazón que anoche te robaste.

Así pues aguardaron la noche en silencio,
ella sentada siempre frente a la ventana
y el siempre de pie frente a su pecho.

Llegó entonces la noche con su estrella en lo alto del cielo
donde al instante ambos enamorados pidieron un deseo.
Déjame esta noche como humano a ella robarle un beso.
Déjame esta noche amarle y a su lado volar muy lejos.

Esa noche ante sus ojos la estrella cayó del cielo,
quizás en shock por la confusión ante los deseos
o quizás agotada al haber intentado concederlos.
(Yo más bien creo que fue estrategia para hacerlo)

Bajo ese cielo aquella noche
absolutamente nada cambió para ellos,
quedaron así dormidos los amantes
sin haber visto cumplirse su deseo.

Sucedió por la mañana al despertarse
que en vez de brazos vieron alas,
y en vez de una princesa…
ahora había pico, pluma y patas.

Felices trinaron su canto de enamorados
mientras surcaban con sus alas los cielos,
comprendiendo solo hasta en la noche…
lo que fue la magnitud total de su deseo.

Así pues retornando cansados a la vieja torre
al poco rato caminaban entre beso y beso,
tomados ellos de las manos…
resguardados los amantes bajo el techo.

De día, dos tiernos pajarillos juntos en su canto
trinando de lado a lado lo que fue su milagro.
De noche, los amantes bajo el techo de su claustro
que poco a poco, en cada dulce beso robado,
al amor, uno a uno se irán entregando.

Es así como termina este cuento largo
donde los amantes nunca mueren,
al menos no mientras este cuento…
siga siendo por alguien aún contado.

¿Será acaso por algo como esto
que las aves retornan nocturnas a su árbol
como si retornasen a la torre de ese cuento?

-Deseos a una estrella-

No hay comentarios:

Publicar un comentario