jueves, 24 de octubre de 2013

Mía.

Mía.

Aquella mujer que hoy a tu lado espera,
más vale que por mi lo sepas,
fue antes mía si ahora es tuya,
y mañana, cuando canten “aleluya”,
verás que aún de mi pronto se acuerda.

No habrá en su rostro nunca tal belleza,
y eso por mi nombre te lo apuesto,
como la que hubo en el pasado nuestro
cuando en el amor se hablaba solo de pureza,
antes de la llegada de vos, y de toda tu riqueza.

Dirás entonces que vos podrás borrarme,
que en su corazón no llevará el recuerdo a cuestas,
pero al final, pobre riquillo amanerado y tunante,
verás que era yo y nunca vos, el príncipe de cenicienta.
Y sí, quizás tan pobre y tan jodido yo, pero de ella.

Y cada noche, cuando contigo vos la tengas,
habrás de cerrar los ojos, de apagar las velas,
pues en sus gestos verás, en sus labios, en su lengua,
el nombre de aquel hombre, lo sutil de silueta…
Al hacerle el amor, al querer a tu modo enloquecerla.

No habrá paz en tu latido, te aseguro,
pues en tus manos tienes lo que es mío,
y yo tengo aquello que nunca será tuyo.
Pues aquella mujer que hoy a tu lado espera…
Será por siempre mía, eterna, te lo juro.

-Mía-

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