martes, 1 de octubre de 2013

Los fantasmas de mi cuarto.

Los fantasmas de mi cuarto.

A veces pasan como la noche,
silentes y cansados, desvalidos,
los fantasmas blancos en mi piso.

Algunos sollozan, otros me miran,
unos cuantos me imploran...
un justo rezo hecho a medida.

Hombres, mujeres y niños,
todos de luto, todos caminan,
todos unidos, todos en fila.

Hay veces que suena a lo lejos
una campana de estaño perdida,
un grito, la mítica y fatal despedida.

Sus ojos se encienden en la muerte,
fieros y sinceros como la historia,
ilusos y vanos, ojos helados de muerte.

Las pupilas etéreas se excitan y estallan,
fusiles ilusorios y olvidados en sus tumbas.
Un recuerdo fugaz de la ironía tangible, lejana.

Lejos, las estrellas los miran como siempre,
silentes y extenuadas, riendo por lo bajo...
a lo lejos, allá donde los dioses moran, sádicos.

"¡Viva México!" Su grito retruena.
Un lema bajo el estandarte, un deseo.
Igualdad y justicia, libertad y respeto.

"¡Viva México...!" y surgió la independencia,
el efímero camino que no concluye,
la promesa eterna e inalcanzable, perfecta.

A veces se tocan el pecho adoloridos,
alcanzados por una bala fantasma,
heridos de nuevo, moribundos en la luz.

La historia se repite y nada cambia,
seguimos siendo prisioneros,
dependientes y falsos, mentirosos.

"¡Viva México!" los héroes murieron,
no hay justicia, ni igualdad ni paz.
Fantasmas son y solo eso, 

historia y nada más.

A veces creo que yo soy uno de ellos,
un fantasma de mi piso, pálido y burdo,
apegado a mis recuerdos, a mi historia.

Otras tantas miro a la ventana y pienso...
que debí morir con ellos en su lucha ufana,
ahí, donde al menos quedaba quizás la dignidad.

!Viva México...! Y soy yo quien grita ahora,
soy yo, un fantasma más y nada más,
helado y muerto, pero en vida. Prisionero.

!Viva México...! y a la luz del día,
los fantasmas se agitan, gritan y se van,
pálidos y fríos, asustados de la realidad.

Nada ha cambiado, ni en docientos años.
ni tras tantas muertes, cosas, presidentes.
Nada ha cambiado, prisioneros somos, aún,

de aquella, nuestra falsa libertad.
(Maldita ironía,
 maldito e imperfecto ser humano)

-Los fantasmas de mi cuarto-

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