miércoles, 11 de septiembre de 2013

Poema sin título 35.

Poema sin título 35.

Vienes como las horas, incesante, apasionada,
desnuda de mariposas y de helechos,
con tu flor expuesta y exquisita.

No es sino el miedo el que me empuja,
las sombras que cubren tu hendidura,
el deseo fiero y aguerrido por tu ser.

Te quedas al viento, eterna y suspendida,
un recuerdo de belleza más profunda,
el osado acto de tenerte en vilo.

Tu cuerpo se asemeja a la primavera,
floreciente y cálido, henchido.
Perfecto como las luciérnagas de noche.

Hay silencio en tus pupilas,
sonidos germinando entre tus labios,
un vaivén de vida en cada poro de tu cuerpo.

Quisiera ser entonces noche eterna,
cubrirte entre las sombras de mi cuerpo,
poseerte, sin mariposas, sin helechos.

Remontar por tu figura en primavera,
anidarme en tus ojos y en tus dedos,
tomar tu flor, el campo entero.

Arar en tu vientre mi camino,
domar tu noche, beber de ti la vida.
Florecer aquí, en ti, contigo.

Ser el viento entre tus labios rojos,
el motivo de las olas en tu vientre,
el instante suspendido en el recuerdo.

(…)

Vengo entonces como las horas,
implacable, apasionado y sin miedo,
con el corazón entre la manos…
Y dispuesto a amarte por completo.

-Poema sin título 35-

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