viernes, 6 de septiembre de 2013

Desenmascárame.

Desenmascárame.

Ven a quitarme las caretas,
arrancarme la sonrisa del rostro,
decirme que el mundo es de mentiras.

Aplaca mi sed de hipocresía...
y acalla las mil voces en mi cabeza,
suaviza mi miseria con tu hastió,
mátame con un golpe de sabiduría.

Ven, despojarme de este traje oscuro,
de esta piel manchada de idioteces,
de esta bastarda humanidad de errores.

Bésame, bésame hasta herirme de muerte,
hasta que no quede nada sino carne inútil,
sin una palabra, sin poesía, sin pensamiento.

Momifícame entre tu aceptable miseria,
acéptame como uno de los tuyos,
un insoportable humano de humo,
incorrecto, pero orgulloso de estar vivo.

Hazme el amor con tu violencia,
rómpeme el alma en un orgasmo hueco,
llena mi cuerpo de falsedad y espinas,
tómame, iluso e inocente, perdido.

Róbame este deseo de muerte verdadera,
ilumina mi intelecto escaso con el tuyo,
tu, hombre de poesía realista y sucia,
falsa en su nombre, falsa en tu vida.

Despójame de todo y dame la nada,
o despójame quizás de la nada...
y haz que mi cuerpo se pudra en tu todo.

Dime cuantas horas más he de quedarme,
cuantos años más he de vivirte así,
hurgando en mis adentros y en mi mundo,
en este sitio lúgubre y terrible que nos queda...

Cuando la verdad ha sido rota ante nosotros
en tan solo un falso intento al aceptar tus reglas,
esas que te dieron fama y nombre,
esas que humillaron a la letra y la poesía.

(...)

Ven, arráncame ahora las caretas,
desdibuja entonces mi sonrisa,
dime que el mundo es de mentiras...

Y mientras tanto, déjame morir un poco,
un breve descanso a tus estupideces
y a esta vida indigna y permisiva.

Esta, la vida que no es más de la palabra,
el intelecto, el esfuerzo o la poesía,
esta, risible y asquerosa, vida de ironía.

No todo lo que es oro brilla, no,
ni todo lo que ha sido escrito en verso...
se merece el nombre de poesía.

-Desenmascárame-

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