jueves, 4 de julio de 2013

Poema sin título 33.

Poema sin título 33.

Se oye a lo lejos un sonido,
mil navajas afiladas,
un grito.

Lejos, a través de las paredes,
¡Un gemido!,
la muerte y los laureles.

Mil espejos rotos miran,
ausencia de vida,
muertes y más muertes.

Un amanecer silente y rojo,
una acera colorida,
un cuerpo gris y roto.

Hay a lo lejos, melodía,
¡Algarabía!,
sirenas eufóricas, rendidas.

Campanas sonarán mañana,
¡Lágrimas tañidas!,
un dolor de filigrana.

Y tú, que reposas en tu palco
mientras tu pueblo muere y mata,
presidente serás, solo de ornato.

Y que dios bendiga tu indecencia
si a tu falta de sapiencia…
el pueblo enardecido va y te ataca.

Proclamarás entonces en tu tumba,
a tesón y lágrimas ufanas,
que la falsedad era al fin la cura.

Mil voces libres cantarán alegres
(ni campanas ni tañidos),
por un cielo rojo bien habido.

Más, hasta entonces solo queda
escuchar navajas y otro grito,
una tumba más… y más laureles.

(…)

Se oye a lo lejos un sonido,
¡Mil navajas afiladas!,
una campana y más tañidos.

-Poema sin título 33-

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