domingo, 9 de junio de 2013

A mi cama con cariño.



A mi cama con cariño.

Mi cama se queja de un dolor de espalda
tan agudo y placentero como un dolor de muelas.
De un dolor en ambos codos y rodillas
que sufren al estar rechinando en cuatro patas
bajo el peso de mi cuerpo sostenido por el tuyo.

Mi cama se queja tanto y tanto, a veces de calor,
otras tantas… tirita tanto de soledad como de frío.
A veces la cobijan los suspiros y caricias,
los cuerpos desnudos y mojados que la habitan,
pero otras cuantas veces… se queja del vacio.

Pienso a veces que tanto o más te extraña
cuando al sentirte espalda contra espalda
de la nada exhala un rechinido.
Que tanto o más te ama cuando te desvisto,
y muda queda, a la vera de nuestros gemidos.

Mi cama se queja de la ropa que le pongo,
de la seda que cubre su suave lomo,
pues dice que la visto y desvisto a mi antojo
mientras a otra mujer, y al mismo tiempo,
con las mismas manos la acaricio y la descubro.

A veces pienso que mi cama se queja de miedo…
y entonces temo que ya nunca más se queje,
pues mientras el tiempo pasa y envejece…
en su espalda envejecemos yo y los tiempos.
A veces… temo que sus ojos al final se cierren.

Y es que se queja de un dolor bastante justo,
pues nunca antes me hube detenido a agradecerle
el servicio que presta sin más sobre su lomo,
sobre sus viejas rodillas y sus codos…
al quedarse en cuatro patas para sostenerme.

Mi cama se queja y yo la miro, me mira sonriente.
¿Cuántas aventuras quedarán entre nosotros?
Desde el niño jugando y brincando en ella muy alegre
hasta el joven burdo y bastante silencioso…
que justo frente a ella le ha pasado mil mujeres.

Mi cama se queja… y yo la entiendo.
El amor, con amor más grande se agradece.

-A mi cama con cariño-

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