jueves, 25 de abril de 2013

Cuando al caer la noche tus ojos no me miran.



Cuando al caer la noche tus ojos no me miran.

Cuando al caer la noche tus ojos no me miran…
El invierno llega como ráfaga helada,
se esparce y nos habita,
germina en silente flor de hielo.

A veces pienso que dormitas o que mueres
como las insignias habitando el cementerio,
fría y quieta, tan ausente y tan presente…
Como un recuerdo en el medio de la nada.

A veces me parece que me nombras,
y otras tantas, me despierto.
Tus ojos de hielo son pupilas frías
que persiguen a las sombras de la noche.
A los sueños.

Quisiera revivirte con un beso algunas horas
y jugar a que existimos en lo inverso,
más, tu pecho exhala el halo de la vida…
Y que sigues viva, yo lo entiendo.

Espero entonces en el silencio de las horas…
como aquella flor que de entre el hielo emerge
(esperanzado y loco, enamorado y sonriente),
a que al abrir los ojos, aquella primavera llegue.

A veces pienso que dormitas o que mueres
como las insignias habitando el cementerio,
fría y quieta, tan ausente y tan presente…
Como un recuerdo en el medio de la nada.

Me asalta entonces la duda de los tiempos,
si es que ya se acercan…
o simplemente se detienen.
Y vos, que sigues ante mi, desnuda,

                                                          duermes.

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