lunes, 8 de abril de 2013

A la dama de negro.



A la dama de negro.

A veces te imploro al final del día,
con este amor profundo del amante,
(un amor locuaz, y a la vez distante)
que vengas vos, sin más, a ser mi guía.

Y en mi rezo por vos, mujer impía,
vos me dejás helado cual diamante,
sin amor, ni proceso fulgurante...
que acabe con mi vida y agonía.

Preciso de tu beso en esta noche,
de tu tacto frío cual dulce malta...
para dolerme menos por tu falta.

Habrías de venir sin más derroche,
para dejarme ser, de piel tu broche,
en este amor de muerte que me asalta.

-A la dama de negro-

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