domingo, 31 de marzo de 2013

Tres rosas rojas.



Tres rosas rojas.
(O… Mira bien, mira tu cara. Espejismo.)

3.

Tres rosas rojas te esperaban
en un jarrón junto al espejo,
mira bien, mira tu cara,
es amor
y no te dejo.

Hay palabras que se dicen
y palabras que se callan,
amores hay, también,
de dicha y calma.
Mira bien, mira tu cara.

2.

Dos rosas rojas esperan
aún hoy, esta mañana,
el tiempo vuela,
mira bien, mira tu cara,
el amor… quizás descansa.

El tiempo usa tirantes
como un viejo que adelgaza,
su cabello esta perdido,
los pulmones siempre exhalan.
Mira bien, mira tu cara.

1.

Una rosa roja adorna
una vela que se apaga,
el humo se eleva,
nos ataca.
Mira bien, mira tu cara.

Hay un baile de rutinas,
los corazones que se aman,
siempre hay fuego y hay cenizas,
alguien más en tu morada.
Mira bien, mira tu cara.

0.

En la plateada luz de luna…
Pétalos desperdigados.
Espinas.
Una vela consumida.
Mira bien, mira tu cara.

La vida…
Es un espejismo.

                             -Mira bien, mira tu cara-

sábado, 30 de marzo de 2013

L'amour.



L’amour.

Hay en el mundo amores tan hermosos,
que de tanto soñar, al cielo elevan,
que sin pensarlo, a volar te llevan,
por los momentos tiernos, luminosos.

Más hay también, amores ominosos,
que de tanta crueldad al mundo enervan,
amores, que si  nunca se renuevan,
serán por siempre ajenos, dolorosos.

Es por eso que yo no me enamoro
de aquella falsedad de las princesas,
de aquel cuento vestido en plata y oro...

trocado en rojos labios sabor fresas.
Amores hay, aun con más decoro,
como el que busco en vos, y vos profesas.

-L’amour-

lunes, 25 de marzo de 2013

Añoranza.



Añoranza.

Tus ojos sin engaño alguno saben
aquello que sin más tu boca ignora,
que mi boca a la tuya un beso implora
como insistente grito a que le salven.

Y es que en mi pecho aún hoy día caben
los latidos de tu pecho en otrora,
las caricias sutiles en la aurora...
y tus ojos que siempre me precaven.

Y es que tus ojos saben de mi engaño
lo mismo que tu pecho a todas horas,
mas es en la inocencia de tu boca...

donde vuelva quizás, amor de antaño,
a ser el hombre que en tu ser provoca...
aquel dulzor, sin más, a fresa y moras.

-Añoranza-

martes, 12 de marzo de 2013

Anatema.



Anatema.

I.

Aquellos que buscan en la piel
el abrigo de lo santo,
no encontrarán sino el lamento
de una desnudez forzada en vano.

La sangre espesa no se compara
(Jamás)
con aquella mancha que deja
la suciedad de las mil noches.
El llanto de los condenados.

II.

Mi cuerpo no evoca las fauces
de aquellos cuerpos sombríos
que urgidos de un mordisco…
Desgarren mis alas, me atrapen.

Tiembla mi halo bajo el peso
de un mundo henchido de sombras,
de sangre seca en el pecho y en las venas…
Corriendo a raudales, libertino, correcto.

Me asustan las horas solitarias,
más, ante todo, me asusta más…
aquella compañía efímera y triste
de una noche sin un brillo.

III.

Hay farolas apagándose despacio,
perdiéndose en la noche fría,
contaminadas con el desencanto
de esta joven vieja usanza que delira.

(Los vampiros nos carcomen)

IV.

Sobre mi cama reposa un ave
con su pico hurgándome en el pecho,
sus alas, extendidas siempre al infinito,
son como un campo de amapolas floreciendo.

En su plumaje cálido y nunca frío,
la blancura de su ser relumbra,
su cuerpo, que dicho sea es el mío…
nunca sufre dolorido ante la hambruna.

V.

A lo lejos la noche se lleva
los restos amargos de otra boca,
la creencia errónea que lamenta
el sentido frío aún entre la ropa.

No hay calidez en esta usanza,
solo un ego infame que deslumbra,
un hambre eterna, una tumba…
Y las ganas de morirse en otra almohada.

(Los vampiros… nos carcomen)


« Corpus meum, non est… »

 « Anathema »

viernes, 8 de marzo de 2013

Lucrecia.



Lucrecia.

Surgieron, de mi pecho y recovecos,
las ganas de un soneto hacerte en suma,
fresco, como la brisa que hoy perfuma
de lirios a los campos más resecos.

Fueron entonces mis intentos huecos
la cruenta lucha en vano con mi pluma.
-Tus ojos... ¿densos tanto como bruma?-
Gritaron "no" a la vez todos mis ecos.

Y de mis blancas manos escaparon
(y por la fina punta de mi pluma),
los bocetos, el amor y otros trazos.

-Sus ojos, que tan tiernos me miraron,
suaves eran como en el mar la espuma.
Suaves, como el amor entre sus brazos.

-Lucrecia-