domingo, 17 de febrero de 2013

Divinidad.



Divinidad.

He bebido de tu boca y sorbo a sorbo
el dulce néctar de lo amado,
la esencia de tus labios,
el fino alcohol de mis sonrojos.

Soy un adicto de tu cuerpo lindo
tan suave como seda, y perfumado
de rosas, acacias y jazmines.

A tus montes, tus piernas y confines
les dedico mi verso (de tu ser engalanado),
que desearía ser, a la vez, nocturno y matutino.

Un encanto son tus hombros desnudos a mis ojos,
tu cuello, mí adorado puente de alabastro,
el mar, tu cabello en bucles caracolas…
Y tus ojos, que me miran tiernamente reflejado.

Habrá que hacer quizás la cuenta de las horas,
mirar si realmente un día dura solamente 24,
porque si bebo y bebo de tu boca (de ese cuerpo tuyo tan amado)
apostaría que la gente nuevamente se equivoca,
que el día es eterno y que nunca entre nosotros ha acabado.

Parecen absurdas las comparaciones religiosas
de aquellos ángeles de cuerpo esbelto
y los demonios sexys en el fuego condenados.

Y es que quizás, en este mundo tan acartonado,
hube encontrado yo en mi propio firmamento
al ángel que pregona con su encanto…
el como son en realidad de inciertas esas cosas.

No hay espacio para errores,
no hay errores si te beso,
no te beso en desconcierto,
no me beses…
si antes no lo hube yo ganado.

(…)

He bebido de tu boca y sorbo a sorbo
el dulce néctar de lo amado,
la esencia de tus labios,
el fino alcohol de mis sonrojos.

Soy un adicto de tu cuerpo lindo
tan suave como seda, y perfumado.
Dormido. Esperando despertar al fino encanto.

-Divinidad-

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