sábado, 20 de octubre de 2012

Esther.



Esther.
(Dedicado falso)

Recuerdo bien las horas entre las manos
y las sonrisas que volaban entre labios,
el tiempo entero e infinito,
las palabras perdidas en el campo.

Quisiera, Esther, si fuese posible,
que florecieran de nuevo los rosales,
que tus ojos se posaran en los míos.

He bajado la cabeza y he mirado al piso;
Una estrella rota, quizá y solo herida.
Una luciérnaga más y solo eso.

Hubo un día, Esther,
en que yo lo hubiese dado todo,
pero sin vos no tengo nada,
ni un céntimo, un maldito oro.

Quisiera abrir la puerta y encontrarte,
tomar tu talle y hacerte mía,
girar como hubimos hecho antes,
amarte como no lo hube hecho nunca.

Sucede entonces que cae del cielo
y recorre salvajemente mi mejilla,
sin tregua ni sosiego,
la más fina y frágil platería.

Pienso ahora que me hube marchitado,
que vos creciste con el viento y me olvidaste,
que hubo una vez quizás mi hada madrina,
que vos… La vida entera me arrancaste.

(…)

Recuerdo bien las horas entre las manos
y las sonrisas que volaban entre labios,
el tiempo entero e infinito,
las palabras perdidas de algún un niño…

Y a vos, Esther,
mi eterno amor imaginario.

-Dedicado Falso-

2 comentarios:

  1. Creaste una Esther con tus palabras... con la fuerza de un supuesto, la imaginación a capricho en un texto.

    Genial

    Saludos almendrados ;)

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    Respuestas
    1. Sí, efectivamente, el poder de la imaginación... que puede crear a su vez los sentimientos. A final de cuentas... que es amor sino algo imaginario?

      Gracias por tu vista.

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