lunes, 6 de agosto de 2012

Rotura.


Rotura.

Hoy te recuerdo póstuma
como las lapidas de los campos verdes
bajo el cielo añejo de un gris lluvioso.
Eres entonces un hada al viento,
las estrellas adormecidas y punzantes
que resquebrajan el manto negro insomne
como polen esparcido entre las flores
mientras un suspiro escapa renombrando.

Caes en catarata a mi memoria…
Y sales a flote.
Te rejuvenecen los pálpitos
y tu rostro es liso y nuevamente terso.
De tus dedos se deprenden las caricias
y tus manos me viajan de nuevo por tus valles.
Eres de hielo y a la vez carcomes y me quemas,
como la amante más osada,
como la más triste primavera de la vida.

Hoy te llevo nuevamente dentro
y junto a mi pecho canta un ave.
Germinan flores a la vera de tu cuerpo
donde el tiempo pasa
y a la vez se encuentra detenido.
Tus muslos no se abren, ni tus labios,
ni te beso.

En mi boca las palabras se aglomeran
como luciérnagas moribundas en un frasco
que se extinguen silenciosas en el medio de la noche
sin un lugar al cual volver o al cual marcharse.
Tu cuerpo de roca me recibe quedamente,
afilados bordes se funden con mi sombra.

Queda pendiente entonces la palabra,
un beso de alba…, un beso de aurora.
Y ahí, parado a la mitad del campo santo y verde…
El tañido de las campanas.

(Tu recuerdo está en mi mente.)

-Rotura-

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