jueves, 19 de julio de 2012

De vanidades y belleza.


De vanidades y belleza.
(Historia de un patho morado)

Había una vez un patho,
morado era y madres le valía,
su familia en contra le quackeaba,
sus amigos en el lago se reían,
pobre patho de plumas tan distintas.

Vino entonces la historia de algún libro,
un patho feo el protagonista era,
-Maldita vanidad, maldita sea-
Pensó el patho a sus adentros,
-Pinche cisne patho masoquista-

El tiempo pasaba y aún todos se reían,
patho era, y en cisne no se volvería,
y sin embargo, morado se gustaba,
morado se quería.
A este patho, aún madres le valía.

Sucedió entonces una tarde ante sus ojos
que un cisne a su familia molestaba,
de belleza y gracia presumía,
de arrogancia estaban llenas sus palabras.
¡Ah!, pobre cisne, que de este patho no sabía.

-Mirad mi pico, mis alas y mis plumas-
dijo el cisne aún presumiendo de lo bello,
-¿Veis ahora que no hay manera alguna
de compararme con un montón de pathos feos?-
Sí, lo vemos- dijo al final el patho entre penumbras.

-¿Sabrás entonces de vanidades y belleza?,
Porque si sabes de ello entonces sabes
que es mejor ser uno en un millón,
que de uno mismo una veintena.
¿O será que me equivoco y son centena?-

-Centenar de belleza sería entonces-
dijo el cisne tan altivo como pudo.
-¡Si es por centenares son entonces clones!-
Exclamó el patho enseguida y sin apuro.
-Si es así… ¿Entonces la belleza queda en dónde?-

-Vos no sabríais de belleza más que envidia,
porque sois solamente otro patho masoquista
aún incapaz de aceptar que los cisnes son mejores.
¿O es que acaso me diréis que no es verdad sino mentira?
Recordad que a nosotros aún hasta en libros se nos reconoce-

Un suspiro surcó el silencio en ese instante,
el patho morado abandonaba al fin las sombras,
el público quedaba mudo y expectante,
el cisne esperaba una respuesta sin demora.
La vanidad… Se encontraba en pleno desconcierto.

-Es verdad que hermosos son y sin iguales,
pero yo también lo soy si así lo pienso,
porque no soy cisne ni ha de importarme,
soy morado, sí, pero así mismo me quiero,
uno y no centena, un humilde patho bello-

Boquiabierta estaba allí la audiencia,
un patho encarando a un cisne se encontraba,
y mientras el patho daba vuelta hacia las sombras…
El cisne en su interior se derrumbaba.
¡Pobre!, pobre cisne simple y feo.

Fue entonces el vitoreo de los quackidos,
un  montón de pathos festejaban,
Y mientras el cisne humillado ahí permanecía
el patho morado soltó nuevamente sus palabras.
La vanidad… Se desmoronaba junto con los vitoreos.

-Nunca ante nadie tu cabeza bajes,
pues nunca hubo existido un solo patho feo,
fue solo otro cuento más de falsas vanidades,
un cuento más acerca de otro cisne patho con complejos,
y si vas a hablarme a mi de belleza o vanidades…
soy hermoso en realidad porque me quiero.

La vanidad no era autoestima,
la belleza no era el ego,
el patho de antemano lo sabía,
el cisne lo entendió en ese momento,
y así, sin vanidades pero con belleza…

Los dos como iguales al fin se despidieron.

-Pobre cisne patho masoquista-
Pensó al fin el cisne a sus adentros,
-Maldita vanidad, maldita sea,
desde ahora queda fuera la arrogancia,
cisne soy… Y en patho me convierto-

La belleza… Era ya alcanzada.

Fin.

-De vanidades y belleza-

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