jueves, 5 de abril de 2012

Del fétido aliento de las horas muertas.


Del fétido aliento de las horas muertas.

Me hablaron de las horas muertas
y las mentiras que en ellas se enredaban,
de los besos infinitos de otras bocas,
de los minutos silentes que de desamor poblaban.

Me hablaron entonces
de volverse loco al no mirarse,
de morirse al no sentirse,
de entre esas horas olvidarse.

Creía entonces en la verdad de las mentiras,
en el cuento eterno al que se niegan los amantes,
que si era de noche o era de día…
El punto ante las horas era amarse y solo amarse.

Los días de sol eran de lluvia,
la lluvia lo nublaba todo,
y cuando el sol salía en arcoíris…
La luna esperaba pernoctando en el silencio.

Pienso ahora en los ojos de una dama,
en los labios de aquel  hombre,
en el engaño cometido a mis espaldas…
Cuando la paranoia se asentaba en el aliento de las horas.

Ensanchaba entonces mi sonrisa pura,
creía en el encanto de las hadas suspirando,
en la mano invisible que nos va tomando…
Y en los caminos de la belleza más profunda.

Coroné con un beso a los labios de una rosa,
sus espinas florecieron en los míos,
era la malicia en plena sorna,
no quedaban hadas sino grillos.

En esta dualidad de las verdades mentirosas…
He aprendido a no escuchar ajenas voces,
a no creer en las mentiras verdaderas,
a no darle la espalda a lo imposibilidad de lo posible.

Me habló entonces el aliento de las horas muertas,
el fétido realismo de las adulteradas dudas,
¿Pero y si fueran verdades todo ello?
¡Ah!, malditos sean los celos y sus dudas.

 -Del fétido aliento de las horas muertas-

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