viernes, 26 de agosto de 2011

Necrótica.

Necrótica.

Te amé necrótica y helada,
con los sentimientos marchitos
y los labios en hipoxia.

Te amé sin medida ni recelo,
con un amor puro e inmortal,
pero aún la muerte no perdona.

Estuve aquí cuando estuviste,
cuando las horas tibias no menguaban
ni las palabras eran témpanos sin vida.

Estuve, pero tú nunca lo entendiste.

Y te amé, te amé tanto y no servía,
porque no sirve de nada amar lo muerto
ni besar lo amoratado de sus labios.

Porque no sirve de nada darle aliento…
si los pulmones no sostienen más la vida
ni el corazón responde emocionado.

Y no sirve porque de verdad no sirva,
sino porque lo muerto, muerto esta,
y eso ni el amor puede cambiarlo.

Sí, te amé necrótica y helada,
con los labios en hipoxia y yo marchito,
sin medida ni recelo, pero también sin una cura.

Y te amé, te amé tanto como nadie,
pero tu cuerpo yacía ya sobre la tumba,
sin un final bonito, pero sí con tu estandarte.

-Necrótica-

No hay comentarios:

Publicar un comentario