martes, 28 de junio de 2011

Silencio.

Silencio.

En el silencio de las voces que reconoces al hablar sin trasfondo,
la música diversa y cambiante en cada segundo de paz que corre
de la mano desesperanzada de una mujer recién creada
que cree saber más de lo que sabe la mente al jugar
a ser subconsciente y hacerle una broma al aspecto visual.

El tiempo de un parpadeo o quizás de un momento de sueño
interrumpido por la sutil respiración incorpórea
de una alucinación casi tangiblemente real que se posa
sobre la trama de la verdad soplando el aliento sobre el brazo.

Palabras desprendidas de algún lugar como vidrios rotos,
punzantes y peligrosas pero imparables como balas,
corriendo por cada poro como veneno que se esparce
dejando tras de si la marca de los colmillos clavados.

Confusas imágenes y el temblor de pérdida de sangre
o quizás de la recuperación inconsciente de la conciencia
que busca a tientas el motivo de cada imagen y sonido
que al poco se desvanece entre recuerdos incompletos
e imágenes vagas y borrosas de quien fue, sin serlo, tan real
como lo es una alucinación en los casos más clínicos.

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