martes, 24 de mayo de 2011

Dos enamorados.

Dos enamorados.

Habrías de marcarnos las horas
con el beso suave de tus labios,
con el suspiro anhelo de la vida,
con el corazón y su latido.

Y luego, entre silencios,
comernos la boca de nuevo
una vez tras otra sin descanso,
una vez tras otra y sin olvido.

Habríamos entonces de cosernos los costados,
amarrarnos los dedos el uno al otro,
amarnos y simplemente amarnos,
ser sin dejar de ser los dos fundidos en uno.

Y así, en el silencio más noble y más profundo…
abandonarnos a la belleza de nuestros actos,
así, ciegos al mundo y sus conflictos,
así, como simples jóvenes enamorados.

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