jueves, 3 de febrero de 2011

Solté tu mano.

Solté tu mano.

Solté tu mano para no herirme…
Mientras tú caminabas por un suelo de cristales.
Las hojas se marchitaron bajo tus pasos
mientras las horas envejecían tu piel en jirones.

La calle de los corazones rotos se volvió nuestra guarida,
solo que yo llevaba puestos los zapatos…
Mientras tú caminabas el sendero de algún otro.

Amé tu cara cuando fuiste mía,
tus manos cuando fueron mías,
tu cuerpo cuando fue mío y no de otro.

El recuerdo de las horas jóvenes alivianó mis penas
mientras el sol salía de mi lado y se escondía en el tuyo.

No fueron mis manos las que soltaron las tuyas,
fueron las tuyas quienes se alejaron de las mías…
Y eligieron el infierno de los pasos errantes al vacio.

Y sí pudiera ahora caminar tus pasos…
Te pondría yo los zapatos y andaría los cristales,
para que no sufrieras, para que pudieses amarme.

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