martes, 28 de diciembre de 2010

Tres mariposas negras.

Tres mariposas negras.

Soñé tres mariposas volando al fuego,
negras eran como la noche más oscura,
silentes eran como la muerte misma.

Soñé con un rio carmesí que bordeaba una colina,
profundo como el más complejo pensamiento,
pero delgado como el hilo de tu voz al quebrarse.

Extendí mis manos a tu memoria
y la colina se volvió tu seno.
A lo lejos vi una mariposa incinerarse.

Cuervos en la lejanía se alojaban en tu aureola
mientras mis pasos avanzaban su camino
sin un lugar al cual volver en tu escenario.

Un eclipse acallaba los rayos de un sol
que poco a poco iba enfriándose sin más.
Quizás tus ojos se apagaron en ese entonces.

El viento impulsó una mariposa hacia las llamas
como si de un suspiro culposo se tratase.
La mariposa se hizo cenizas en mi boca.

La gravedad perdió su peso por un instante…
Y vagué por la acogedora calma de la indiferencia
que es siempre una razón excelentemente justificada.

Anduve sin peso alguno por los caminos de la mente
entre las sombras intangibles de realidades vanas,
al final, me contaminó la levedad y amé la muerte.

Una mariposa se retorcía con las alas en llamas
como si buscase ayuda en cualquier parte.
Yo se la negué.

(…)

Soñé tres mariposas volando al fuego,
negras eran como la noche más oscura,
silentes eran como la muerte misma.

-Tres mariposas negras-

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