martes, 24 de agosto de 2010

Para un dios ausente.

Para un dios ausente.

¿Hasta donde llega tu perdón
si no me arrodillo ante tu cruz?
¿Vendrás por mi para juzgarme
sin antes siquiera juzgarte tu?

Te esperaré frente a la iglesia
tras la puerta donde moras,
esperaré por tu maldita ausencia…
tras estas lágrimas que tanto ignoras.

Llevaré tu libro entre las manos
y plegarías falsas como pocas,
quizás así contestes mis llamados,
quizás así sean para ti estas cosas.

Iré buscándote por los lugares
donde tú supuesta fe no desvanece,
miraré despacio a tus hijos desplomarse
mientras buscan en tus barbas guarecerse.

Esperaré tu respuesta si es que existes,
más no creeré en verdades que no veo,
no planeo por ahora arrodillarme…
ante un dios ausente de su puesto.

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