miércoles, 19 de mayo de 2010

Rearmarse.

Rearmarse.
(Acerca de los zapatos y el camino)

Las manos se han soltado
en algún lugar de la vida,
quizás sobre aquella banqueta,
quizás… en algún lugar del mundo.

Queda el silencio a través de la puerta
y todo se ha reducido a ese breve espacio,
a ese diminuto lugar… llamado cuarto.

Los murmullos son solo los ecos lejanos
de alguna vida que ahora mismo no importa,
los ecos lejanos que buscan afirmar y reafirmar…
aquello que bien podría ser olvidado sin dudar.

Comienza la tormenta sobre la sequia de la cama,
se desbordan los ojos en un llanto semi-contenido
mientras el tiempo deja la marca de su peso en la espalda,
es el final, es el final de un ciclo y una muerte momentánea.

Mañana las puertas y ventanas se abrirán de nuevo
ante un día gris, corriente como pocos…
y desvalido como ninguno.

Todo estará bien,
aún se puede caminar por el sendero,
los zapatos aún sostienen los pasos…
y llevan a cuestas el camino.

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