domingo, 10 de enero de 2010

Comprendiendo la despedida.

Comprendiendo la despedida.

He visto el tiempo marcharse despacio
tras los pasos desesperados que te seguían
paso a paso despacio a tus pies postrados
como plegarias a un dios que no sabe de despedidas.

Poco a poco la soledad se hizo amiga del silencio
brindando en el bar de los quebrantos con su copa
en un sinfín de botellas añejas en el rincón de tu recuerdo.
(Que infame suele ser el tiempo a veces.)

Calles vacías entre la niebla y un mapa a ninguna parte,
he muerto hace tiempo y aún cuento las horas
tomando los minutos como punto de partida a la nada,
mi camión sale tarde a la luz de luna esta noche.

Que pesada es la carga de mis maletas…
entre los vidrios rotos de los sueños muertos.

Hoy los sentidos no sienten sino vergüenza
ante el latido errático de una rendición anunciada,
todo cae tan lentamente en el olvido…
como las lágrimas perdidas sobre el pavimento.

¿Que más vacio se puede estar si no queda nada?,
¿que más vencido se esta si no queda más por que luchar?,
aún sigo contando los segundos y las estrellas en el cielo…
y todo es falso si la realidad es solo el odiado porvenir de un adiós.

Aquí sigo, tras los pasos del silencio que escapa entre botellas rotas
y los recuerdos que a flor de piel se mueren y renacen esta noche
sobre los sollozos y las maldiciones… de un amor entrando en coma.

Ya solamente me queda una defunción en espera…
y ese amargo sabor a whiskey en los labios carcomidos
que aún desean no cortar los cables ni levantar las maletas.
(Que ingenua es la espera de un milagro… y que bobo quien lo espera.)

Morimos, todo murió desde el primer momento…
cuando el te amo alcanzo tu espalda en un adiós.

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