jueves, 26 de noviembre de 2009

Luces.

Luces.

De pie las campanas sonando
en algún lugar de la torre que espera
silenciosa el derrumbe tras los años.

Tormenta de luz y sombra en el tiempo
que a su paso las memorias repite o va borrando
como una lluvia pasajera en el desierto de los labios.

Hoy es tiempo de abrazarse bajo el cielo
sin dejar de limpiarse las lágrimas con las mangas.
(Hoy es tiempo de tomarnos de las manos y perdonarnos)


Doloroso mármol desgastado por el viento
donde los ecos como espinas afiladas…
aún hieren sin descanso el alma lacerada.

Soledad es desierto y olvido es nada
cuando el reloj ha marcado en su hora la manecilla
donde el perdón va después del orgullo y la arrogancia.

Envolvente espiral es la agonía
que en cada segundo suicida se sucede
en la ráfaga de lágrimas que contra el suelo se dispara
como las explosiones lejanas de una lluvia de granadas.

Sonidos y luces, todo son recuerdos inmortales
De la tierra en constante movimiento bajo los pies
que aunque silenciosa… siempre espera atenta el rocío.

Hoy es momento de besarse bajo la lluvia
dejando de lado las heridas y aceptando las caricias.
(Hoy es el momento de entendernos los silencios)

Austera y aparentemente indiferente,
la tierra se desgasta y erosiona de a poco
mientras los ríos convergen en un mar muerto
donde ahogada la vida navegaba la esperanza.

Y todo muere en la monotonía cruel e irreverente del desierto
donde enterrados los cadáveres no somos más tu y yo,
sino un expansivo cementerio de memorias de un el y una ella.

Derruidas las puertas y quebradas las ventanas
Todo envejece en su interior sin dejar entrar lo que hay fuera,
Más no siempre es entrar, sino quizás salir, siempre varia la respuesta.

Hoy necesitamos abrirnos el pecho y mirar dentro
que la luz no se guarda al orgullo
sino a la esperanza de un nuevo intento.
(Hoy es momento de mirarnos a los ojos y recordar)


Anocheciendo en la ventana y no pasa nada,
ojos cerrados y todo da igual.
(¡Maldita necedad!)

Las luces se apagan nuevamente y el mundo comienza
sobre la almohada ya acostumbrada a su progresiva salinidad
donde el corazón muestra nuevamente y a cada instante su fragilidad.

Hoy es el momento de morirse un poco en el orgullo
y pensar que se puede continuar dejando pasar de largo la felicidad.
(Hoy… es el momento de terminar de morirnos los dos juntos)

Las heridas sanan en tres, dos, uno,
todo comienza de nuevo con las campanas,
la torre sigue en pie y a la espera,
todo es nada, todo es siempre la misma farsa.

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