lunes, 2 de noviembre de 2009

Envejeciendo.

Envejeciendo.

Te conocí en la primavera de la vida
cuando la pureza de tus ojos emulaba al agua,
cuando tu cuerpo aún verde se movía al viento
con esa joven alma siempre esperanzada y deseosa…
de los más grandes y venideros amores y afectos.

Pasó así el tiempo entre nosotros en un verano de grandes soles
donde el viento respiraba tu juventud rebosante de anhelos,
donde poco a poco entre mis manos… maduraba tu dulce cuerpo,
y entre beso y beso nos hacíamos uno solo entre nuestros brazos
que aún en el calor buscaban desesperados… una sombra para el amor.

Llego la lluvia de hojas adornando las calles en un otoño
donde tus besos esparcidos cual hojarasca por mi cuerpo
recompensaron en tu fecundo vientre con semilla y vida
la añoranza mutua de unos ojos que sonreían cómplices
de la más hermosa de nuestras ancianas fantasías.

Y así mientras el otoño pasaba con su armónico crujir…
nosotros esperábamos la llegada del invierno.

Tocando a la puerta y buscando un refugio
poco a poco las arrugas se reunieron en mi rostro viejo,
este rostro que a pesar del paso del tiempo…
aún buscaba en el espejo tu tierno rostro ahora añejo.

Y ahora que el invierno llega y nuestros cuerpos van quedándose fríos
yo solamente veo lo que vi aquella primavera ante mis ojos,
la misma niña pura de ojos bellos
que se movía al viento enamoradamente envejeciendo…
primavera, verano, otoño e invierno.

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