domingo, 1 de noviembre de 2009

El caer de las hojas.

El caer de las hojas.

Y estamos…
en la misma banca de siempre viendo caer las hojas al suelo
donde los bastones de los viejos trituran el silencio a su paso,
descansando los ojos mirando al cielo deseando dormir un rato,
deseando… morir un rato en este otoño mientras haya tiempo.

Y el otoño… es duradero.

Con la mirada al suelo vemos las hojas secas mientras pensamos
que la vida vale tan poco cuando el viento pasa recogiendo todo,
que somos solo ello, hojas en el suelo…
U hojas esperando caer.

Y desde la misma banca levantamos la mirada al cielo para ver el árbol
que mecido por este viento otoñal va quedándose calvo con el tiempo,
y somos tan diminutos a momentos y tan torpes que no entendemos…
Que la vida vale cada momento, incluso cuando miras las hojas cayendo.

Entonces… te dejas llevar.

Con la mirada perdida sobre la banca de enfrente, solo las hojas existen,
solo las hojas… y la avalancha emocional de tus inviernos que se transforman,
así con la cara entre las manos y la mirada al suelo…
otoños son ahora, en tus ojos los inviernos.

Y el suelo… se moja.

Cayendo de tus lagrimales las hojas hacía el suelo recuerdas,
que muchas fueron antes tiradas por el viento,
pero en este triste otoño personal…
todas se derraman por un melancólico recuerdo.

Y el viejo del bastón… sigue crujiendo hojas a lo lejos,
Y no hay otoño en sus ojos a pesar del tiempo,
Porque de cada otoño duradero supo escoger…
lo que valía la pena guardar como recuerdo.

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