jueves, 29 de octubre de 2009

¿Y yo?, yo ya no te necesito.

¿Y yo?, yo ya no te necesito.

Me repetiré tres veces que no te necesito,
que no eres nada en mi vida sino una astilla,
que el reloj seguirá su avance sobre el buró…
y que las mañanas seguirán siempre tranquilas.

No, no me haces falta ni cuando finjo no extrañarte,
serás solo un momento más que se desintegra en la nada,
un momento más y solo eso, que se va al vuelo del tiempo…
(Un recuerdo involuntariamente voluntario disfrazado de olvido)

Vendrán las tardes sobre la mesa vacía donde solo hago falta yo,
y tu, tu no haces falta para nada en esta casa que a toda costa evito,
eres invisible e inexistente en toda la extensión que mi mente se permite,
eres… el tiempo que escapó sin ser mínimamente preciso para nadie.

Las cortinas aún siguen esperando tu aroma perdido en el viento
tontamente deseosas de tus manos alistando mañanas en la ventana
mientras la puerta espera como siempre a la entrada de la casa
recibiéndote en cada toque… pero dejando entrar a quien no eres.

Y las noches aceleran su paso donde mis ojos desean no verte,
donde mis ojos no desean ver más… de eso que ya no eres,
y me pierdo entre sueños en esta cama que aún respeta tu espacio,
abrazando tu aroma impregnado en la almohada que tanto odio
de la mujer que ya no necesito, de la mujer que ya no extraño.

Y en la condena de la monotonía que nos somete siempre
encontraré de nuevo los días idénticos unos a otros
con el tiempo congelado donde tu no faltas nunca,
pero donde yo… siempre saldré sobrando.

Me repetiré tres veces que no te necesito,
que no eres nada en mi vida sino una astilla,
que el reloj seguirá su avance sobre el buró…
y que las mañanas seguirán siempre tranquilas,
pero no, no te preocupes, porque yo…,
yo ya no te necesito.

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